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  Cuando aquel estruendo dejó paso al silencio, las campanas del monasterio no tardaron en comenzar a repicar, y pronto, una masa entre la que no faltaban labriegos que trabajaban los campos cercanos, artesanos, comerciantes y nobles que frecuentaban el mercado de los viernes, comenzó a agolparse delante de aquél extraño objeto que, salido de la nada, acababa de irrumpir junto a la aldea.

  Cuando el humo blanco comenzó a disiparse, comenzaron a salir de aquel extraño objeto un grupo de muchachos ataviados con estrafalarios atuendos y cuyas caras de asombro no debían ser muy distintas de las de aquellos vecinos que allí se habían congregado. Aquel invento, que parecía sacado de una película de Georges Méliès, y que a muchos de los allí presentes les parecería más bien una invención del diablo, era la máquina que teletransportó a un grupo de estudiantes desde el siglo XXI al corazón de una aldea de finales del siglo XII.

  Así al menos debieron sentirse los alumnos de primero de la ESO del Instituto de Enseñanza Secundaria de Torrejoncillo. Y es que de esta guisa amaneció el Instituto Vía Dalmacia el viernes 27 de enero de 2017.

Lo que es seguro, es que aquella máquina del tiempo, no se alimentaba de electricidad, ni de gas, ni de ningún otro carburante, sino de la imaginación, el trabajo y el esfuerzo de los alumnos, padres y profesores que han decidido apostar por implementar nuevas metodologías docentes que apuestan por procedimientos y técnicas pedagógicas más activas y participativas, con las que se persigue que el alumno asimile de forma más profunda y duradera la información, mediante la recreación del objeto que se está estudiando y promoviendo su participación directa en la acción docente.

Los alumnos, en actividades como ésta, pasan así a ser parte activa de su propia enseñanza. Acciones como ésta, además de fomentar el trabajo en equipo, ayudan a que el propio alumno se sienta parte responsable de su propia enseñanza.