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  Cuando eres docente, las experiencias vividas en los viajes y excursiones, nada tienen que ver a las experimentadas por nuestros alumnos. De hecho, no hay una lista en la sala de profesores con decenas de nombres deseosos de coordinar o llevar a cabo algunas de ellas. Preocupación, responsabilidad, trabajo...son algunas de las actitudes que nos acaban desterrando la idea de llevarlas a cabo.

 Lo que empezó en octubre finalizó en abril con muchos sentimientos y emociones encontradas por ambas partes. Han sido numerosos recreos de reuniones, de fórmulas de venta, de cálculos para que todo cuadrara, de intentar ahorrar el máximo dinero a las familias... He de confesar, que los compañeros me temían cuando me veían con alguna hoja y caja para guardar el dinero, han sido muchos meses de afán recaudatorio. Agradecerles enormemente su esfuerzo y entrega, sin ellos, los chavales hubieran tenido que afrontar más gastos.

 Llegó el tan ansiado día y el 11 de abril, veintiocho chavales se ponían en manos de Juan y una servidora para viajar a miles de kilómetros de distancia. En esos momentos, mi responsabilidad como docente se unía a los sentimientos de madre puesto que era muy consciente que aquellos padres dejaban en nuestras manos a lo que más querían. No podíamos defraudarles en ninguno de los dos aspectos.

 Tuvimos el placer de ver sus caras al entrar en el aeropuerto por primera vez, de enfrentarse a situaciones nuevas y resolverlas, a los miedos del avión... a todas esas sensaciones que son imposibles de conseguir en un aula pero que establecen una conexión inolvidable con tus alumnos.

  Mi compañero de viaje hizo que todo fuese aún más fácil. Creo que no me equivoco cuando afirmo que los dos intuíamos que podíamos trabajar bien juntos, pero nos hemos sorprendido muy gratamente a medida que nos dábamos cuenta del equipo que formábamos. Ha habido muchos cambios de planes, ajustes a horarios, a los chavales, a las circunstancias que iban surgiendo y todo iba resolviéndose con naturalidad y eficacia. Juan ha sido uno de los mejores guías que nuestros alumnos han podido tener en Roma, si los chavales vienen encantados de la “ciudad eterna” ha sido por él. Gracias compañero por tantas y tantas conversaciones, muchas pedagógicas, personales y otras de grandes “chorradas” con las que nos hemos reído tanto.

  Y de los alumnos, ¿qué decir? Su comportamiento ha sido ejemplar. Han acatado las normas con las que salimos de Torrejoncillo, se han adaptado a lo nuevo porque ellos eran los que tenían que hacerlo, han comprendido que era un viaje de sensaciones, experiencias y descubrimientos que en alguna ocasión, en el pasar de las hojas de los libros de texto, habían visto por encima. Todo aquello era real y ellos estaban allí. Vieron el Coliseo, que si de día les pareció inmenso, de noche les pareció majestuoso; bailaron y cantaron con el Ara Patris siendo testigo de su momento; subieron 523 escalones para llegar a la cúpula de la basílica de San Pedro en el Vaticano y por un momento, tuvieron toda Roma a sus pies. Ellos han hecho posible lo que muchos alumnos quizás nunca puedan asegurar y es que nosotros, como docentes, hemos disfrutado de esta gran experiencia.

  Creemos que os hemos abierto una pequeña ventana al mundo, a lo que hay ahí fuera a vuestro alcance. No os conforméis con menos, valéis mucho y además hay muchísimos lugares de los que podéis quedar igual de fascinados aunque ya no sea todos juntos. Recordad que dejamos un viaje pendiente y, aunque sea por separado, Venecia nos espera con sus puertas abiertas.

Almudena Ramiro San Román ( Profesora de PT y Jefa de Departamento de Extraescolares de IESO Vía Dalmacia)

 

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