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  A veces las mejores experiencias surgen por casualidad. Haber acompañado a los alumnos de 3º ESO y 3º PMAR ha sido toda una lección de adaptación y convivencia.

  Cuando supe que iba a acompañar a un grupo de alumnos de tercero a los que no conocía, salvo excepciones, tuve un sentimiento de vértigo por no saber cómo iba a salir, pero gracias a cada uno de los muchachos todo fue rodado.

  Al principio, de camino a los Baños de Ledesma, en el autocar los alumnos se sentaron en la parte trasera del mismo con aquellos que conocían y había poca comunicación entre ellos Podía oír que unos cantaban, otros reían, otros simplemente hablaban con el compañero de al lado, y yo ahí sentada junto al conductor con unas cuantas hileras de asientos obstaculizando el acercamiento a los alumnos.

  El recibimiento por parte de los monitores, Nacho y Sara y de su coordinador Edu fue inolvidable. Lograron en escasos minutos que los alumnos se sintieran como en casa y como si nos conociéramos desde mucho antes. Es más tuvieron la paciencia necesaria para que los muchachos se adaptaran a nuevas normas, horarios, compañeros y un no parar para hacer todas las actividades pensadas para realizar lo que habían ido a hacer allí, inmersión lingüística en lengua inglesa.

  Desde el minuto uno me propuse conocer a todos los alumnos, y por momentos, me sentía como la madre adoptiva de 24 muchachos adolescentes porque mi misión allí no era la de enseñar, simplemente tenía que acompañarles en esta aventura. Para ser totalmente imparcial decidí no saber quiénes de ellos eran del grupo de PMAR, bilingüe y no bilingüe, solo sus nombres.

  Me sorprendió la capacidad de adaptación de los alumnos, su entusiasmo e interés por hacer cada una de las actividades, ni una negativa, ni un !Vaya rollo!. Todos escuchaban y aunque algunos tenían ciertos problemas para seguir a los monitores, porque hay que decir que desde el minuto uno todo era inglés, inglés, inglés, no abandonaban en su intento de ganar. Mayor aún era la sorpresa cuando los alumnos de bilingüe colaboraban y se convertían en traductores simultáneos para llevar a su grupo al éxito.

  En el tercer día todos eran amigos y compañeros de fatigas, colaboraban, participaban y disfrutaban, sin dejar de ser adolescentes que pensaban en cómo pasar la última noche. Los monitores y yo sabíamos que alguna anécdota tenía que surgir, y surgió, pero se queda para aquellos que disfrutamos del viaje.

  Salvo porque el tiempo no nos permitió hacer piragüismo, pudimos aprender sobre el medio ambiente, tirar con arco, hacer talleres, juegos, rappel, gymkanas, y conocer a Javito en Jugbado y esa manera tan particular de entender el mundo y, sobre todo, disfrutar de la compañía de los alumnos del instituto de Álcazar de San Juan.

  Como en la canción del Dúo Dinámico el final del viaje llegó y todos retornábamos a casa, pero ninguno de ellos quería regresar, les sabía a poco. Regresar cuando ya habían perdido la vergüenza y hablaban en inglés sin importarles las miradas, lanzarse a preguntar cómo se dice esto o lo otro, cuando ya no había que esperar porque todos eran puntuales. Los abrazos y las miradas cómplices se dieron entre todos y las lágrimas surgieron en el momento de la despedida. El autocar esperaba de vuelta a Torrejoncillo...

Pepa Gómez ( Profesora de Inglés)

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