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  Y aquí os presentamos la relación de ganadores y finalistas de la VII Edición de Relatos Encadenados del Vía Dalmacia.

   Sobra decir que este curso ha sido atípico y tras serias deliberaciones por parte del jurado sobre continuar con nuestro proyecto, se decidió que el virus no entraría en nuestro espacio, ni en nuestro trabajo ni en el de todas las personas que desde el mes de enero nos envían sus relatos. Las letras no necesitan mascarilla ni distancia de seguridad, fluyen sin entender de virus y confinamientos.

  Gracias, gracias y mil veces gracias a todos los que habéis hecho posible que sigamos y finalicemos una edición más. Dale a leer más para conocer los ganadores y finalistas...

Almudena Ramiro Sanromán

GANADORES

 

CATEGORÍA PRIMARIA

 

LA AMARGA DESPEDIDA

   No me abandonarían y seguirían por siempre conmigo, de no ser por nuestro natural instinto, el de la manada. El sol relucía como el cobre, era un día muy caluroso y el agua escaseaba como siempre. Era la hora de la despedida. La fulminante mirada del líder me decía que ya había llegado el momento. Sabía que no sería fácil, pero todas las señales me indicaban que tenía que seguir mi camino. Tomé la decisión, lentamente comencé a alejarme por el sendero, intenté no mirar atrás, después de tres años de intensa convivencia me costó mucho no girar la cabeza, pero de todas formas, todos los leones son abandonados por su manada, es el instinto.

Álvaro Jiménez Freixenet.

CEIP Dulce Chacón, Cáceres

 

CATEGORÍA SECUNDARIA

 

EL CRIMEN PERFECTO


   
Hubiera sido el crimen perfecto de no ser por aquel maldito gato negro que, cuando todo estaba a punto, apareció con sus resplandecientes ojos entre la oscuridad nocturna.
   
Todo estaba preparado, realicé el ritual antes de proceder a su destrucción. En la pradera cercana a mi casa cavé un profundo hoyo. No había olvidado ninguna, todas tenían que desaparecer. Llevaba meses atrapándolas cuando se cruzaban en mi camino, sin dejarlas escapar. Conseguí algo de gasolina para asegurarme de su aniquilación total.
   
Vi al felino cuando saqué el mechero para prenderles fuego, enterrar sus cenizas y que desaparecieran para siempre. Era el colofón del tratamiento que durante meses había recibido. Serían aniquiladas para siempre, el crimen perfecto. Pero apareció, lustroso gato negro, presagio de que mis supersticiones, aunque las escribiera, quemara y enterrara, como me indicó mi terapeuta, no me abandonarían y seguirían por siempre conmigo.

Carmen Estévez Lebrato.

IES Virgen de Gracia de Oliva de la Frontera (Badajoz)

 

CATEGORÍA BACHILLERATO

«Un crimen terrible».


   
Hubiera sido el crimen perfecto de no ser por aquel maldito gato negro que clavaba fijamente su mirada sobre mí a través del reluciente cristal. Sabía que debía ser rápida, silenciosa y discreta; nadie debía sospechar de mí, pero ese maldito gato ya estaba observándolo todo con un gesto de desaprobación.
   
De pronto, escuché unos pasos firmes al final del pasillo y un escalofrío recorrió mi cuerpo entero. No era demasiado tarde para ejecutar el plan, terminarlo y salir corriendo de allí al huir.
Mientras deambulaba por las transitadas calles de la ciudad, sentía todas la miradas sobre mí ¿Cómo se suponía que debía actuar cuando todos en casa se enterasen? ¿Iban a confiar de nuevo en mí alguna vez?.
   
Por supuesto que no. Debía regresar al lugar del crimen… y eso hice. Al abrir la puerta no aguanté más y confesé:
-Lo siento mamá, fui yo quien se comió la última galleta y no tiró la caja.

Natalia Santos Lambea.

IES Pedro de Valdivia de Villanueva de la Serena (Badajoz)

 

CATEGORÍA LIBRE.

 

SUEÑOS DE JAULA

   No me abandonarían y seguirían por siempre conmigo... Que dejara el circo atrás no implicaba un carpetazo a todos aquellos personajes bienintencionados, como el Payaso Triste que tan pocas veces me había hecho reír o ese taciturno cuidador de fieras. Los tigres de la jaula de al lado rugieron con cierta envidia al verme depositar en un macuto mis escasas pertenencias: el reloj de la última mano que arranqué, mi hueso roído de la suerte y un kit de juguetitos para entretener a leones solitarios. Harto de vivir enjaulado y de soñar despierto, celebré por primera vez una de las travesuras de los hijos del dueño. Aquel pasador abierto era una oportunidad que no podía dejar pasar. No giré la melena. Les había oído hablar, emocionándose, de un lugar llamado Narnia en el que andaban faltos de un rey. Aún me creía en el candelero, e iba a probar suerte.

Rubén Martín Camenfort (Terrasa, Barcelona)

 

FINALISTAS

 

CATEGORÍA PRIMARIA

 

LA VIDA VISTA POR UNA HIGUERA

   Sobreviviré, no me arrebatarán lo que siempre ha sido mío, la oportunidad de ver crecer mis frutos hasta el final. Ya llegó la primavera y, por fin, veré mis hojas crecer, ¡ya va quedando menos! Estoy día y noche pensando en cómo me libraré esta vez de esas hambrientas bestias (pájaros, se hacen llamar). Todos los años me pasa lo mismo, ¡me atacan sin piedad! Ya llegó la hora de la verdad, el momento de ver crecer mis frutos. Y con él mi temor, mi angustia, el miedo a que una vez más nada cambie.

   Con el nuevo amanecer, miré al cielo, ¡ya están aquí! Se apresuraron y sin compasión empezaron a zampar. ¡Pobre de mí, otra vez más! Otros compañeros del campo, cuyos frutos no son tan dulces y apetitosos no saben lo que siento y me miran aliviados por su suerte.

David Fuentes Pérez.

CEIP Dulce Chacón (Cáceres)

 

CATEGORÍA SECUNDARIA

 

PRINCIPIO Y FIN

 

   Sobreviviré, no me arrebatarán lo que siempre ha sido mío, me dije para armarme de valor e intervenir en aquella descomunal pelea. Mi familia no estaba en casa, así que la soledad era mi única compañera.

   Gloria Fuertes caminaba plácidamente junto a Platero mientras Juan Salvador Gaviota revoloteaba sobre sus cabezas portando en su pico la rosa del Principito. Fueron atacados y sus agresores no entraban en razones. Oí como Gloria les susurraba que cada cual podía tener su sitio y que era yo la que tenía la última palabra.

   Mi cabeza daba vueltas, no podía alargar esa situación. Me enfrenté a los invasores quedándoles bien claro a Instagram, Youtube y Twitter, entre otros, que no me iban a arrebatar lo que siempre había sido mío.

Carmen Estévez Lebrato.

IES Virgen de Gracia de Oliva de la Frontera (Badajoz)

 

CATEGORÍA BACHILLERATO

 

LUCHARÉ

   Sobreviviré, no me arrebatarán lo que siempre ha sido mío”, gritaba la anciana desde dentro de su casa, atrincherada, con voz temblorosa pero firme; portaba la foto de su marido muerto, a la cual se aferraba con fuerzas, mientras las lágrimas inundaban sus mejillas. “No me arrebataréis toda una vida de recuerdos. Maldito dinero y maldito los bancos”. La puerta cerrada a cal y canto. !Pobre anciana!. Seguía gritando; “Antes muerta que abandono mi casa, !malditos!. No tengo dónde ir”. Los gritos y sollozos no hicieron mella en esta gente insensible, inhumana, pero que al fin y al cabo solo hacían su trabajo, un trabajo ruin y miserable. Aguardaban detrás de la puerta advirtiendo que emplearían la fuerza si fuera necesario, ¿la fuerza? !qué ironía!. La anciana no pesaba más de cuarenta kilos. De repente, llegó el silencio. El cuadro de su marido cayó al suelo, y entre lágrimas y tristeza susurró. “Me faltan fuerzas. Mundo injusto”

Pablo Pombero Hurtado.

IES Virgen de Gracia de Oliva de la Frontera (Badajoz)

 

CATEGORÍA LIBRE

 

DESILUSIÓN


   
Hubiera sido el “crimen perfecto” de no ser por aquel maldito gato negro que lo estropeó todo al romperse en mil pedazos. Lo habían traído mis padres de uno de sus viajes a Egipto y, desde entonces, mantenía el salón de casa a salvo de nuestros juegos y correrías. Nos advirtieron que vigilaba con ojos de diligente guardián, que no nos atreviésemos a traspasar la puerta por si se le ocurría mirarnos fijamente y resucitar.

   Pero aquella noche sería distinto, cuando reinase el silencio, mis hermanos y yo desentrañaríamos uno de los mayores secretos de nuestra vida. Unos simples pañuelos tapando nuestros ojos evitarían el maleficio y, por fin, descubriríamos el enigma de esos Magos que dejaban, como cada año, el salón repleto de carbón y regalos a partes iguales. Cuando se produjo el estruendo y encendimos la luz, toda la magia se apagó, de repente, al ver las caras asustadas de nuestros padres entre aquel revoltijo de juguetes y trozos de gato.

Juan Carlos Pérez García (Cáceres)