Seleccionados ganadores I fase Relatos Encadenados V Edición

Ya han sido seleccionados los ganadores de la I fase del concurso Relatos Encadenados que este centro organiza a través de RadioEdu. Como siempre agradecemos la participación de todos y animamos a los no seleccionados y a todos los amantes de la escritura a participar en las siguientes fases.

Estos han sido los ganadores de esta I fase:

PRIMARIA

Olor a recuerdos

Aquella noche, víspera de su boda, Catalina no podía dormir y observaba la caja metálica que había recogido del armario y tenía encima de la cama. Quedaban pocas horas para la boda y las lentejuelas del vestido de novia, reflejaban la luz de la luna que entraba en la habitación. Todo parecía iluminarse para guiar a Catalina con sus pensamientos. No era fácil pero tenía que hacerlo, la caja metálica destaparía sus secretos mejor guardados durante años. Nadie podía enterarse y aún había tiempo para destruir las pruebas del pasado. Catalina lloró pero sus lágrimas no impidieron que sus manos abrieran la caja. Allí estaban amontonadas las cartas tal y como las recordaba. Se acercó al cajón y cogió una caja de cerillas, encendió una y la echó encima de las cartas. Empezaron a arder y el humo nubló la habitación. Al día siguiente, en la boda, Catalina lució el hermoso vestido que todos admiraron aunque solo ella podía sentir, por el olor a humo de las cartas quemadas, sus secretos mejor guardados. Todo saldría bien.

Mario Robles Tripiana del CEIP Dulce Chacón de Cáceres

Una muñeca, un recuerdo

Aquella noche, víspera de su boda, Catalina no podía dormir y observaba la caja metálica que había recogido del armario y tenía encima de la cama. Miraba la cajita, indecisa, mientras unas lágrimas cristalinas vertían de sus ojos acariciando el polvoriento cerrojo. Catalina abrió un pequeño cajoncito y sacó una llave dorada, con las manos temblando de emoción, la introdujo en la cerradura y la caja se abrió revelando su contenido. Era una muñeca de trapo desgastada y bastante vieja, estaba descosida y le faltaban varios botones. Catalina la miraba con añoranza. Una tenue luz iluminaba la pequeña muñeca, mientras que parte del corazón de Catalina resplandecía. Ella, con tristeza en el alma, cerró la cajita y la metió en un cajón para siempre. Una suave brisa acarició la tez de Catalina mientras contemplaba la luna resplandeciente iluminar la ciudad entera. Finalmente, reposó su cuerpo entre las sábanas con la conciencia tranquila y se sumió en un sueño. Una antigua foto se deslizó a través del cajón mostrando una niña y un anciano con una muñeca.

Alejandro Pérez Campos del CEIP Dulce Chacón de Cáceres

SECUNDARIA

Recuerdos enmarcados

Aquella noche, víspera de su boda, Catalina no podía dormir y observaba la caja metálica que había recogido del armario y tenia encima de la cama. No estaba segura, pero al final, se decidió. Abrió la caja con delicadeza y observo lo que había dentro. Sintió mariposas en el estómago al ver aquella foto bajo las dos brillantes alianzas. Por su mente paso una ráfaga de recuerdos. Esa foto significaba mucho para ella. Apartó las dos alianzas con sumo cuidado, sin apartar la mirada de aquel recuerdo. En la foto aparecía una niña de ojos grandes y oscuros, sentada en un triciclo rosa. Al lado había un niño que sujetaba una espada de madera en la mano derecha y un globo rojo en la izquierda. Recordaba ese día perfectamente. Guardó la foto y las alianzas que usaría al día siguiente. Recogió la caja en el armario, abrió la cama y se acostó, con una gran sonrisa en la cara. Con aquel niño, el que aparecía en la foto, iba a pasar todos los días de su vida.

Natalia Bueso Sánchez del IES Hernández Pacheco de Cáceres

Secretos

Aquella noche, víspera de su boda, Catalina no podía dormir y observaba la caja metálica que había recogido del armario y tenía encima de la cama. Una lágrima resbaló y tras ella sus compañeras. Sus mejillas se encendían por momentos, incomprensible, al día siguiente se casaba, debería estar nerviosa, impaciente, feliz, aunque quería escapar. ¿Cómo definir sus sentimientos? Una vida de mentiras y engaños, ¿lo quería de verdad? No eran momentos de dudar pero los recuerdos al ver la caja… Una chica pálida y flacucha en una patera lloraba. Había dejado su hogar atrás, tenía hambre y sed, pero no le quedaba nada. En la sala reinaba el desconcierto, ¿la novia? Esperaban a una mujer hermosa con un vestido de cola larga, blanca y brillante y un bonito velo translúcido, pero entró una chica un poco más delgada que las demás, con vaqueros, jersey y una cajita metálica. Besó al novio en la frente, él enmudeció y ella susurró: “dejaré de mentir”. Se fue, abrió la caja y sacó de ella el colgante de su libertad.

Andrea Gómez Pacheco del IES Al-Qázeres de Cáceres

BACHILLERATO

Deudas saldadas

Aquella noche, víspera de su boda, Catalina no podía dormir y observaba la caja metálica que había recogido del armario y tenía encima de la cama… – Quieren que me case. Ellos dicen que es una buena oportunidad. Creo que tienen razón. Tenemos deudas, él tiene dinero. También dicen que me quiere y que me tratará bien. Yo sé que tú lo habrías hecho mejor. Te quiero. Eso que no se te olvide. Mi vestido es bonito, sin embargo, sé que si esta boda fuera la nuestra, ahora mismo no estaría hablando del vestido. Te echo de menos. Ojalá estuvieras aquí. Catalina escuchó pasos. Sin prisa guardó de nuevo la caja en el armario. Apagó la luz al tiempo que se acomodaba entre aquellas sábanas de satén. Tardaría mucho en acostumbrarse a ese estilo de vida. No logró conciliar el sueño. Sabía que tenía que deshacerse de la caja, pero no era el momento, o eso se venía diciendo desde hacía años. Aquellas cenizas merecían ir a parar a otro lugar.

Elena González Gonzálea del IES Profesor Hernández Pacheco de Cáceres

Objetivo marcado

Aquella noche, víspera de su boda, Catalina no podía dormir y observaba la caja metálica que había recogido del armario y tenía encima de la cama…” Mirar esa reluciente caja provocaba en ella unos nervios que se transformaban en desesperación. No quería dormir, en su cabeza se repetía incansablemente el plan que tenía elaborado, nada podía salir mal, una agónica necesidad de conseguir su objetivo la obligaba a mantenerse firme y no vacilar. Un sentimiento de rabia que llevaba grabado en sus letras la palabra venganza. Dentro de la caja, custodiada con sumo cuidado, reposaba una pequeña botella de cristal de color azul conteniendo un líquido en su interior. Escrutó la sustancia viendo reflejado el fin a sus problemas, una enfermiza sonrisa de satisfacción nubló su rostro, ser la única que conociera el macabro y morboso destino de su presa le provocaba un neurótico placer. No podía esperar más, deseaba como una demente que llegara el gran momento porque la ceremonia sucedería sin sospechar absolutamente nada pero su invitado, ingenuo, no saldría vivo de la boda.

Anna Antequera Carmona del IES Puenta Ajuda de Olivenza

LIBRE

Tiempo de libélulas

Aquella noche, víspera de su boda, Catalina no podía dormir y observaba la caja metálica que había recogido del armario y tenía encima de la cama. Un tiempo estremecido, entre las alas de viejas libélulas, le vino a la memoria. Tuvo un amor Catalina de ojos negros y manos que resucitaban mariposas. Sucedió aquel amor en días de labios sobre labios y palabras bajo sábanas de luna. Al amor de Catalina le gustaba andar la noche y dejarle el alma revuelta de promesas y luceros . Su amor desparramaba un reguero de palabras anegadas en miel, que Catalina recogía para cuando llegaba la punzada del desaliento. La última noche, Catalina sintió un ala rota y otra malherida. Aquel amor que desataba los vientos, le dejó unos versos amargos de ausencia y un agujero de angustia en medio del alma. Estremecida, como un árbol en medio de la tormenta, abrió la caja con sus manos temblorosas. El fantasma blanco del olvido atravesó la estancia, dejando en el aire la herida de un escalofrío.

María José Vergel Vega de Torrejoncillo (Cáceres)

Eternidad

Aquella noche, víspera de su boda, Catalina no podía dormir y observaba la caja metálica que había recogido del armario y tenía encima de la cama. La abrió para contemplar el hermoso frasco de vidrio que contenía el misterioso elixir, y sonrió. Nadie debía saber que pronto se cumplirían quinientos años desde que dejó de ser reina de Inglaterra, cuando su marido Enrique y su amante Ana creyeron haberle quitado la vida. Cerró la caja, la guardó de nuevo en el armario, y volvió a sonreír.

José Luis Chaparro González de Salvatierra de los Barros (Badajoz)